
Por razones derivadas de la tremenda congestión vehicular intra hospitalaria desde hace unas semanas estoy dejando el auto a algunas pocas cuadras del Calvo Mackenna donde trabajo.
La caminata en la mañana y mediodía se está haciendo muy agradable y espero que siga así, incluso cuando lleguen las lluvias.
Hoy al llegar al sector entre los edificios de Carlos Antúnez, descubrí un mensaje que se repetía varias veces en el suelo de ese trayecto.
No pude menos que alegrarme e imaginé un muchacho ilusionado que se dirigía a su enamorada de una forma seductora y romántica.¿O sería ella la que escribía?
¡Bien por ellos y suerte en lo que viene!
Al mismo tiempo recordé a unos viejos amigos y compañeros que escribían entusiastas declaraciones de amor a sus ausentes pololitas en la arena de la playa de Cartagena hace ya casi demasiado tiempo.
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